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 En el truco original de Robert Houdin:

Éste pedía prestado el pañuelo a una señora y le hacía una bola que ponía al lado de un huevo, de un limón y de una naranja puestos en fila sobre la mesa. Hacía pasar mágicamente todos estos objetos unos dentro de otros y, por último, cuando todos estaban reunidos en la naranja se servía de este fruto para componer un licor fantástico.

 

Para ello comprimía la naranja entre sus manos y la reducía de grosor, enseñándola de tiempo en tiempo bajo sus diferentes formas y concluía por hacerla un polvo que ponía en un frasco donde había espíritu de vino.

 

Después mostraba un naranjo desprovisto de flores y frutos. Vertía en un vasito un poco de licor que acababa de preparar y le prendía fuego, lo colocaba debajo del arbusto y tan pronto como la emanación alcanzaba al follaje se le veía cargarse de flores.

 

A un golpe de varitas, estas flores eran reemplazadas por frutos que distribuía a los espectadores. Una solo naranja era la que quedaba en el árbol; la ordenaba que se abriera en cuatro partes y se advertía en su interior el pañuelo que me había sido confiado. Dos mariposas moviendo las alas le tomaban por las puntas y le desenvolvían, elevándose por el aire.

 

 

Un autómata realmente espectacular, una recreación bastante fiel que considerando que fue concebido en el siglo XIX, realza aun mas la merecida reputación de Robert Houdin.

 

  

Muchos magos de la época, trabajaron (antes y después que Robert Houdin) también con autómatas. Los autómatas eran mecanismos de relojería con la forma exterior de muñecos humanos, animales e incluso edificios tales como molinos o árboles,… que, gracias al ingenio de su mecánica interna, podían ejecutar maravillas. En el caso de los autómatas de árboles ya existentes, a través de una combinación de relojería, aire comprimido, o tracción con cuerdas, daban la impresión de floración o de cultivote fruta.

En muchas ocasiones la parte mecánica del aparato se complementaba con algún o algunos trucos tales como forzajes, claves o asistentes ocultos y entonces el funcionamiento era totalmente incomprensible para el público.

 

 

Más tarde, Robert Houdin se distinguiría por sus autómatas de los cuales, El naranjo maravilloso ya mencionado es solo una muestra. Robert-Houdin tenía la ventaja de ser relojero y esto le permitió no solo modificar y mejorar autómatas ya existentes sino también idear nuevos los cuales le dieron gran lustre a sus actuaciones.

En este caso, R. Houdin mejoró el mecanismo de los árboles-autómatas, e introdujo las dos mariposas, elaborando esa preciosa rutina con el pañuelo, el huevo, y el limón… combinando juegos de manos y maquinaria.

 

 

En la película El Ilusionista (The illusionist) protagonizada por Edward Norton, nos trasladamos a la época dorada del ilusionismo. En la película se muestra un juego inspirado en El Naranjo Fantástico de Robert Houdin.

 

  (falta final)

 

 

 

En el siguiente video podéis ver la versión de este juego, presentada por el británico Paul Daniels, utilizando una reproducción muy similar del autómata de Robert Houdin.

La rutina difiere un poco de la que presentaba Robert Houdin, este no utilizaba ningún anillo, en cambio como ya hemos dicho hacia uso de un limón, un huevo… y era el pañuelo prestado el que viajaba.

Esta versión (posterior) de Paul Daniels, se ha adaptado conservando el espíritu original.

 

 Inserción desactivada por solicitud, podeis verlo aqui

 

 

Autómata de Pierre Mayer: 

 

 

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Título original: The Illusionist
Año de producción: 2006
Género: Intriga, Drama, Thriller
 
País: USA.
Duración: 110 min.
Distribuidora: Aurum
 
Director: Neil Burger
Guión: Neil Burger; basado en el relato corto "Eisenheim: The illusionist" de Steven Millhauser.
Música: Philip Glass
Fotografía: Dick Pope
Producción: Michael London, Brian Koppelman, David Levien, Bob Yari y Cathy Schulman.
Montaje: Naomi Geraghty.
Diseño de producción: Ondrej Nekvasil.
Vestuario: Ngila Dickson.
 
 
Interpretación:
Edward Norton (Eisenheim)
Paul Giamatti (inspector Uhl)
Jessica Biel (Sophie von Teschen)
Rufus Sewell (príncipe Leopold)
Eddie Marsan (Josef Fischer)
Jake Wood (Jurka)
Tom Fisher (Wiligut)
Karl Johnson (doctor).
 

 

Web Oficial: www.theillusionist.com

 

 

Curiosidades:

– El personaje de Eisenheim se basa en el mago y supuesto vidente Erik Jan Hanussen. Éste fue famoso a principios del siglo XX en Viena y murió asesinado por soldados nazis en 1933.

– A pesar de ser una historia ficticia, algunos detalles de la película están basados en la vida de Rodolfo de Habsburgo, único hijo varón de Francisco José I. La pintura del emperador que realiza Eisenheim es un retrato de Francisco José I. El 30 de enero de 1889, Rodolfo (Rudolf) de Habsburgo, heredero del Imperio Austrohúngaro, fue hallado muerto en su dormitorio del pabellón de caza de Mayerling. Junto a él, la pistola que supuestamente había usado para dispararse en la sien y sobre la cama el cuerpo también sin vida de su amante, la joven baronesa María Vetsera, con un tiro en la cabeza.

 

 

 

Sinopsis:

Cuando Eisenheim (Edward Norton) comienza a actuar con su asombroso espectáculo de ilusionista en la Viena de principios de siglo XX, pronto corre la voz sobre sus poderes sobrenaturales… llegando a oídos de uno de los hombres más poderosos y pragmáticos de Europa, el príncipe heredero Leopold (Rufus Sewell).

Convencido de que el mago no es más que un experto impostor, Leopold asiste a uno de los espectáculos de Eisenheim, con intención de desacreditarle durante su actuación.. Pero cuando la bella prometida del príncipe, Sophie von Teschen (Jessica Biel), aparece, Eisenheim y Sophie se reconocen de la infancia y un amor latente es revivado. Con Eisenheim y Leopold luchando por el afecto de Sophie, pronto se hará evidente que ambos están dispuestos a no poner límites para reivindicar y mantener su amor.

La relación clandestina continúa y el inspector de policía Uhl (Paul Giamatti) tiene como misión, por órdenes de Leopold, desenmascarar a Eisenheim, por lo que intensifica sus esfuerzos a pesar de que el mago sigue cosechando grandes éxitos entre su público. Mientras que Uhl insiste tenazmente en descubrir los trucos de este hombre, Eisenheim prepara su número más ambicioso.

 

 

Eisenheim es un misterioso mago que consigue desafiar las leyes de la naturaleza y asombrar continuamente al público.

 

Escrita y dirigida por Neil Burger (Interview with the Assassin), “El ilusionista” está basada en el relato corto del ganador de un Premio Pulitzer Steven Millhauser, “Eisenheim The Illusionist”.

Una película de los productores de la ganadora de un Oscar, “Crash”, protagonizada por Edward Norton, el actor de “American History X” y “Todos dicen I love you” y también director y productor de “Más que amigos”. A Norton le acompañan Jessica Biel (Blade: Trinity, Elizabethtown) y Paul Giamatti (Cinderella Man, Entre copas).

 

Un film donde nada es lo que parece, donde el amor, la obsesión y la intriga se entremezclan con la magia y el misterio.

 

 

 

 

Crítica:

La última película de Neil Burger conjuga una fórmula eficaz y seduce desde la solidez de sus impecables formas y los volúmentes histórico-románticos que la definen.

El ilusionista es un cuento para adultos narrado con exquisito gusto estético y con incontestable equilibrio entre sus piezas. El ensamblaje global propone dos horas de evasión perfectamente vivaces que tienen en la distribución del ritmo y el minucioso antagonismo entre sus personajes protagónicos su baza más distinguida. Burger decora las pasiones, porque de nada sino de un drama pasional se trata, con un cautivador barniz pseudo fantástico que, y ahí radica el pero más gordo del invento, acaba basculando torpemente hacia la balanza del realismo imposible.

La gracia fundamental está en discernir si Eisenheim (Edward Norton) es un mago o un diabólico engañabobos, no obstante Burger mitifica a tal punto sus prodigios en el escenario que acaba por distraer la atención apuntando en direcciones que no piensa seguir.

El ilusionista deviene así, involuntariamente, en fábula decididamente inverosimil, que flirtea con el fantástico, más por el entusiasmo de Burger en alimentar el perfil extraordinario del relato, que por una lógica narrativa con punto de partida y de llegada.

Al final uno tiene la sensación de haber sido tramposamente manipulado, pero no por Eisenheim, que sería lo suyo, sino por un Burger incapaz de medir el impacto dramático de su fascinación hiperbólica por los trucos maestros del prestidigitador. La consecuencia directa es un desenlace imposible, montado a través de flashbacks, que resuelve el misterio comprometiendo el encanto global de la fábula, con un positivismo tan milimétricamente resolutivo como forzado.

El ilusionista hace aguas en ese desenlace que ata cabos sin atención a la lógica, pero la prestancia hipnótica de la puesta en escena y, sobre todo, el recital a tres bandas de Edward Norton, Rufus Sewell y, sobre todo, y una vez más, el monstruo Giamatti, que se merienda sin contemplaciones a todo aquel que se le ponga delante, en vanguardia, en retaguardia, en drama, en comedia o donde sea menester.

El genial protagonista de Entre copas es un plus en cualquier empresa a la que preste sus servicios. El ilusionista no es una excepción. La culpa de que tan excelentes mimbres no se traduzcan en una excelente película es de Burger en su faceta de guionista por poner una bomba en el último acto y en sus funciones de director por visualizar la prodigiosa mente del mago con semejante querencia por lo improbable.

En resumidas cuentas: funciona mejor el engranaje policial que el estrictamente mágico-sentimental. Un matiz: con tanta insustancial nadería exportad por Hollywood, El ilusionista es un drama adulto que se viste por los pies y que, en consecuencia, está muy por encima de la cosecha habitual con que Hollywood nos tortura de un tiempo a esta parte.

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